En enemásene tenemos detectado que tocar el tema de la ropa en el marco de la comunicación corporativa y la imagen profesional escuece. Para indagar en las razones que pueda haber detrás de ello, y para explicar con conocimiento de causa por qué cómo te vistes cuando eres portavoz no es algo baladí hemos charlado con Nagore Pecharromán Esnaola, estilista, docente y diseñadora de moda.
Hace un tiempo escribimos una entrada en nuestro blog titulada “Coherencia comunicativa o por qué el portavoz de una empresa de deportivas molonas no puede ser un señor trajeado que usa mocasines de piel” . A pesar del titular, la imagen personal era tan solo uno de los aspectos que tratamos en aquel artículo sobre la importancia de la coherencia en el ámbito de la comunicación corporativa. Clickbait puro y duro.
Nos quedó pendiente tratar este tema en profundidad y por fin ha llegado el momento. Para hacerlo, hemos recurrido a Nagore Pecharromán Esnaola –¡sí! otra ene–, experta en moda cuyo trabajo admiramos.

La pregunta es inevitable: ¿por qué algo tan cotidiano como la imagen sigue generando incomodidad cuando hablamos de comunicación corporativa? De verdad que se remueve la sala cuando en formación de portavoces lo mencionamos. Y nos consta que unas recomendaciones de ‘dress code’ que preparamos para un cliente, nunca fueran difundidas.
Y este no es un tema sin importancia cuando hablamos de comunicación corporativa y portavocía. Estudios indican que el componente visual (lenguaje corporal, expresión facial, vestimenta) puede llegar a influir en un 55% en la percepción del mensaje, frente a un 38% del tono de voz y solo un 7% de las palabras.
En opinión de Nagore, este escozor o incomodidad puede tener un doble origen. Por un lado, está la tensión que genera a las personas sentirse observadas: “A no ser que tengas un trabajo muy público, no estamos acostumbrados a que se nos observe y analice”. Por otro, está el factor de la valía o autoridad profesional: “Con un perfil directivo, muchas personas consideran que lo que les está dando credibilidad es su capacidad; y entienden que, si tú les vistes, les estás quitando credibilidad o les estás disfrazando, y se percibe como algo superficial”.
Sin embargo, como subraya esta diseñadora de moda, docente y estilista, en comunicación corporativa la imagen personal de un portavoz en realidad forma parte del mismo sistema de comunicación que el resto de elementos de una marca: “La imagen de una persona es igual de importante que la tipografía, la rotulación, la comunicación a medios o la comunicación comercial. Todo es imagen de marca. La ropa es un sistema de signos y lo importante es que esos signos no contradigan el mensaje de la empresa”.
Dicho de otra forma: la imagen personal en entornos profesionales es un elemento de comunicación que influye directamente en la credibilidad de quien representa a una organización… y en la organización.
Un ejemplo sencillo: esperamos que quien nos atiende en un banco transmita confianza, rigor, profesionalidad. Si aparece en chanclas y camiseta de playa, aunque sea excelente en su trabajo, algo chirría. No por falta de capacidad, sino por incoherencia en los códigos.
Así que, guste o no guste, cualquier profesional ya está comunicando con su imagen. La diferencia está en hacerlo de forma consciente y estratégica… o dejarlo al azar.
En definitiva: la ropa que te pones cuando representas a tu empresa sí importa. Pero ¿cómo elegir la ropa adecuada construir una imagen profesional coherente e ir en línea con los códigos de cada actividad empresarial?
Nagore insiste en que cada caso –persona, organización, rol profesional– requiere un análisis específico, pero ofrece algunas pautas en función del sector de actividad que pueden ser un buen punto de partida, ya tengas una sesión de fotos a la vista, una reunión importante o simplemente, para el día a día:
Al margen de las indicaciones específicas en función del sector económico, añade una recomendación básica y común: la claridad visual. “Colores neutros, líneas limpias y evitar el ruido. La atención tiene que estar en lo que dices, no en lo que llevas. La ropa no debe comerte”.
Desde esta perspectiva, trabajar la imagen profesional no consiste en estética, sino en alinear lo que se ve con lo que se quiere comunicar.
Asimismo, la estilista reconoce que hay una serie de errores de imagen profesional habituales, que “nada tienen que ver con salir más guapo o guapa en la foto, sino con comunicar mejor”.
Entonces… ¿se puede ser uno mismo y, a la vez, proyectar una imagen profesional adecuada al código de vestimenta de tu profesión? Nuestra experta no tiene ninguna duda: “No solo es posible, es imprescindible. Porque cuando la imagen no refleja la identidad real de la persona, eso se percibe como una incoherencia y pierde credibilidad”.
El reto está en encontrar el equilibrio entre personalidad y contexto. Entender los códigos del entorno —sector, rol, tipo de mensaje— y hacerlos propios, sin renunciar a la propia identidad. Casi nada. Hay personas que lo hacen de forma natural y otras necesitan del acompañamiento de una profesional como Nagore, que asegura que “el trabajo de estilismo tiene mucho más de análisis que de estética, siempre con el objetivo de conseguir esa coherencia de la que hablamos”.
Como cualquier disciplina dentro de la comunicación corporativa.